Historias de miedo: cuando la impostora se te sube a la chepa (y cómo callarla)

Hay días en los que te sientes imparable. Productiva. Creativa. Resolutiva.

Todo fluye y se te ocurren ideas y proyectos como nunca. Pero justo cuando estás en tu mejor momento… zas, aparece sin invitación: esa maldita voz interna que te susurra al oído que no estás preparada, que no sabes lo suficiente, que eres una completa falsa y que todos lo descubrirán tarde o temprano.

¿Y si en realidad no tengo ni idea de lo que hago?
¿Y si la clienta se da cuenta de que soy un fraude absoluto?
¿Y si todo esto es solo suerte y mañana se desvanece como por arte de magia?

Esa, querida amiga, es la impostora. La vocecilla cruel que se te sube a la chepa justo cuando estás a punto de dar un paso al frente. La que te hace dudar incluso de aquello que ya has demostrado dominar mil veces. La que te paraliza cuando más necesitas avanzar.

Y no eres la única que la escucha. Ni eres menos profesional por sentirla acechando en tu interior. Nos pasa a casi todas las profesionales, incluso a aquellas que desde fuera parecen tenerlo todo bajo control.

¿Por qué aparece la impostora?

La impostora no llega por casualidad. Aparece porque estamos rompiendo moldes y desafiando expectativas. Porque trabajamos en un entorno laboral donde se espera que seamos “eficientes, brillantes y resolutivas” las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Porque muchas de nosotras estamos aprendiendo sobre la marcha, improvisando soluciones mientras “fingimos” tenerlo todo controlado.

Y, sobre todo, porque en muchas ocasiones, nadie nos ha validado desde fuera. No hemos recibido ninguna palmadita en la espalda que nos asegure que vamos por buen camino.

El síndrome de la impostora no es una rareza: es especialmente común en mujeres, en profesionales autónomas, en perfiles técnicos y creativos. Y tú como Asistente Virtual… pues tienes todas las papeletas.

Cómo se manifiesta en tu día a día

  • Te encuentras diciendo que sí a absolutamente todo por miedo a que te dejen fuera o piensen que no estás capacitada.
  • Revisas cada detalle hasta la obsesión, invirtiendo horas extra que nadie te paga ni valora.
  • No celebras tus logros porque los minimizas pensando que “tampoco era para tanto” o “cualquiera podría haberlo hecho”.
  • Evitas mostrarte y compartir tu trabajo porque “seguro que ya hay alguien mejor haciéndolo” y te aterra la comparación.
  • Trabajas el doble que las demás para demostrar(te) que mereces estar donde estás.

Y el problema no es solo emocional o psicológico.
Es tremendamente práctico:
1. Te frena cuando deberías avanzar.
2. Te hace perder oportunidades valiosas por no sentirte “suficientemente preparada”.
3. Te impide crecer y expandirte profesionalmente.
4. Te roba energía que podrías estar invirtiendo en tu negocio.
5. Deteriora tu bienestar y tu relación contigo misma.

¿Cómo se calla a la impostora? Estrategias que realmente funcionan

A ver, no se trata de hacer que desaparezca por completo. Ese objetivo no es realista. Se trata de aprender a identificar cuándo está hablando ella (la vocecita)… y cuándo estás hablando tú, para no confundir su voz con la tuya.

Aquí tienes algunas estrategias que han demostrado funcionar para profesionales como tú:

Documenta meticulosamente tus logros. Créate un archivo especial (físico o digital) donde vayas guardando todas las cosas que has conseguido: clientas satisfechas, proyectos completados con éxito, mensajes de agradecimiento, habilidades que has adquirido, obstáculos que has superado… Revísalo religiosamente cuando te entre el bajón o la duda.

Rodéate de personas que te devuelvan tu verdadera imagen. Estar en comunidad no es solo compartir herramientas o conocimientos técnicos. Es encontrar un espacio seguro donde, cuando te hundes en la espiral de la autocrítica, haya quien te diga: “Eh, tú eres válida. Mírate objetivamente, mira todo lo que has construido.” Y lo más importante: que lo creas porque viene de alguien en quien confías.

Celebra tus éxitos en voz alta y sin complejos. Lo que consigues con esfuerzo, compártelo. No es ego ni presunción, es reafirmación y modelaje para otras que están donde tú estabas hace tiempo. Tú también mereces aplauso y reconocimiento público.

Actúa a pesar del miedo. A veces la impostora simplemente no se calla por mucho que lo intentes. Pero si actúas igual, si avanzas a pesar de ella, vas ganando terreno tú. Cada vez que das un paso adelante sintiendo el miedo pero sin permitir que te paralice, le bajas el volumen a su voz.

Solicita feedback constructivo regularmente. Si no sabes si algo está realmente bien hecho, no te atormentes en soledad. Pide opinión sincera, valida con otras miradas profesionales. El feedback externo objetivo es el mejor antídoto contra las distorsiones de la impostora.

Practica la autocompasión. Cuando cometas errores (que los cometerás, como todas), háblate como le hablarías a una buena amiga, no como una crítica despiadada. El perfeccionismo es el mejor aliado de la impostora.

Registra tus pensamientos negativos y cuestiónalos. Cuando te asalte un pensamiento del tipo “no soy suficientemente buena”, escríbelo y pregúntate: ¿Tengo evidencias reales de esto? ¿Cómo reaccionaría si una colega me dijera que piensa eso de sí misma?

Lo que nadie nos contó sobre ser Asistente Virtual

Ser AV no es solo dominar herramientas, procesos y estrategias. Es gestionar tu mente mientras lo haces. Es aprender a navegar la incertidumbre, la soledad del trabajo autónomo y la presión de cumplir expectativas altísimas, a menudo autoimpuestas.

Y en un entorno donde muchas trabajamos solas, desde casa, con una pantalla como única compañía y rodeadas de “gurús” que parecen tenerlo todo resuelto… la impostora encuentra terreno extremadamente fértil para crecer y fortalecerse.

Pero también encuentra resistencia. Porque ahora ya sabemos identificarla. Porque tenemos herramientas para combatirla. Porque hemos comprendido que no es solo cosa tuya. Que no estás loca ni eres menos profesional por sentirla. Que no estás sola en esta lucha.

Y lo más importante: que esa voz insidiosa que te dice que no puedes, que no sabes, que no mereces… simplemente no tiene razón.

En AVComunidad compartimos estas historias de miedo no para regodearnos en la inseguridad o el drama, sino para aprender a reírnos juntas de la impostora, para desmitificarla, para bajarle el volumen colectivamente y para avanzar a pesar de sus intentos por frenarnos.

Porque si hay algo que tenemos absolutamente claro es esto:

No eres un fraude. Eres una profesional en constante proceso de aprendizaje. En evolución permanente. En camino hacia tu mejor versión.

Y eso, querida amiga, ya es muchísimo más de lo que la impostora quiere hacerte creer.

Recuérdalo cada mañana cuando te sientes frente al ordenador: esa voz no eres tú. Y no merece definir ni tu valía ni tu futuro profesional.

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